La noche de tus ojos
Esa mirada aguileña provista de una perpetua cámara de fotos y bajo una frente que siempre humedecía por las prisas. Con peinado de drácula y brazos de luchador pesado.
Esa mirada aguileña provista de una perpetua cámara de fotos y bajo una frente que siempre humedecía por las prisas. Con peinado de drácula y brazos de luchador pesado.
Toda situación crítica toma fuerza y cuerpo alimentada por los pensamientos y las opiniones externas. Y ésta no era una distinta. Vamos al grano, pues estamos en el último día de la temporada y ya no hay vuelta atrás; tenemos que cazar en la cara norte de Gredos donde ha caído un nevazo de aúpa.
Para muchos quedará como una anécdota, pero para los que allí estuvimos, quedará en el imborrable recuerdo de los días épicos de caza el recuerdo de la aventura montera de Villatoro bajo la ventisca y la nieve. Gracias a Lolo y Jorge por saber medir los riesgos y capitanearnos en los días de sol y en los días realmente difíciles, y gracias a Rodrigo y Capelli por acogernos en su mancha y dejarnos demostrar la casta y la bravura española.
Estoy agotado, no puedo con las espuelas. Además, ahora que nadie me oye, he de reconocer que a mí esto no me gusta. Tiempo atrás sí, por el nervio, la afición, los deseos impetuosos de cruzarme en cada cortadero con un afilado verraco.
Fue un segundo para saber que era el momento que llevábamos esperando. Uno quizá sea mucho, más bien el pálpito del pecho, la intuición. Sus maneras y las mías. Sin vernos nunca, sabíamos que el destino nos había preparado una cita con la muerte. A los dos. Pero la dama de negro llevaba sólo sitio para un candidato en su grupera. Y Talibán sabía que no era nuestro día y un servidor ya ha desollado más de una zorra del mismo pelo.
El Vaquero Siempre me gustó madrugar. El café con la compañía de la lumbre. Hace frío afuera mientras el gélido
Ahí va el tío. Diego, nacido en Alicante hace treinta y nueve rutas del bakalao, conductor de ambulancias desde los 21, consumidor de cannabis desde los 6. Cinco palmos y medio de talla y unos sesenta kilos de nervio
No sé qué hago aquí, lejos del terruño y del rastrojo ahora que el campo comienza a vivir tras la hibernación del estío. Olvidé mi ruta y mi destino. Pero Talibán me lleva a la tumba del Rey Pelayo. Olvidé las espuelas y pasé por alto el capote. Pero ese olvido da igual, porque marcho a buen tranco y el sol brilla sobre aquellos lares.
A Nacho de la Moneda. Zaguero, Siempre en retaguardia. Oscura tez que nunca existe pero siempre espera. Camina sigiloso, cómplice
Es fino y fibroso. Muy inquieto. De corte de pelo típico en los chavales de su quinta y educación. Ronda