Mirada de gitano
Tienes mirada de adivino, Samuel. Si es que esos ojos claros ven más allá de lo humano. Y es que Samuel, ya metido en años, se ha criado con su compadre Marcial de cuando estudiaban en un colegio de niños malos.
Tienes mirada de adivino, Samuel. Si es que esos ojos claros ven más allá de lo humano. Y es que Samuel, ya metido en años, se ha criado con su compadre Marcial de cuando estudiaban en un colegio de niños malos.
No que estaban los de una academia de inglés, de esas de curso exprés, por la capital. Y de fin del programa acelerado para despacharte como un guiri habían resuelto hacer una convivencia en un pueblo de la sierra -un fin de semana entero en una villa pequeña- en el que todos convivirían para practicar su idioma adoptadoNo que estaban los de una academia de inglés, de esas de curso exprés, por la capital.
El aire pica de proa. Es un vendaval. Pero en lugar de estar surcando mares estoy navegando en las proximidades del Moncayo, del helador reino de Bóreas, el señor del frío. El Cierzo del Moncayo lo llaman. El bufido del invierno en toda su esencia.
Lo recuerdo como si fuera ayer… Era uno de esos zarcos, fuerte como un león, pero arisco a cualquier caricia. Uno de esos que cuando pisaban el metal del carro era mansurrones pero que al inhalar sangre eran los mayores enemigos de sí mismos que jamás han existido.
Se me erizó la piel. Había crecido dos palmos. Lo que era un niño ya era un hombre. Y con hechos, no con palabras, acababa de demostrarlo.
Existe una compañera de presencia siempre llamativa y cuyo brillar, alerta las miradas y requiere de atenciones. En las frías mañanas de invierno -¡ay, cómo se echa de menos el frío y las escarchas…!- hay un olor único, dulzón y agradable, siempre grato, que transmite paz y sosiego. Hablo de la lumbre, la hoguera, la candela, la yesca o fogata.
Atalayo antes del alba. Al amanecer los colores y sonidos más Vivos. Llevo a Montero de Nogales, tan joven como elegante. Va descubriendo mundo bajo mi alma. Y mi alma cabalga feliz de poder ser maestro hacia el animal que más me ha enseñado de soñar despierto.
Me di cuenta en ese preciso momento; en el que los locos somos doblemente locos y suicidas cuando volamos bajo sobre una montura vaquera…
No vine aquí a recoger nada. Vine a la llamada de alguien que en su día me dijo que tenía que visitar este lugar hermoso a la orilla de un río. No vine a juzgar y por tanto aquí no eres juzgado. En cambio, vine a intentar alegrar la vida de los que lo tienen más complicado.
ómo osas decir que sabes comenzar de nuevo si no has visto un amanecer entre escarchas a golpe de mosquero, sólo roto por el aleteo de una patirroja a la que has robado el sueño.